A finales de ese año algo cambió. Reflexioné. ¿Esta era la vida que quería? Recordé lo feliz que me hacían los viajes y decidí que el 2016 sería el año en que construiría una nueva vida.
Volví a la oficina decidido a resistir 10 meses más. Me repetía todos los días frente al espejo: “Juan, aguanta un poco más, ya viene tu momento”. Pero el ambiente era cada vez más tóxico. Gritos, traiciones, despidos. Y yo ahí, sobreviviendo.
El 31 de marzo, recursos humanos me entregó un papel con un 2% de aumento. Mi jefe me dio una palmadita en el hombro y dijo: “Sigue así”. Ya había cumplido. Ya era hora de seguir mi camino.
…inspirado en mi abuelita y en el marketing emocional. Me llenaba de ilusión. Tenía solo un seguidor: mi mamá. Diseñe el logo con Paint y Power Point. Era un corazón, un avioncito de papel y un mundo. Rojo por pasión, azul por el cielo. Hice un mapa de viaje con corazones en cada destino soñado.
Hice una matriz en Excel con rutas, presupuestos y visados. Empecé a analizar a los pocos bloggers latinos y vi una oportunidad. No tenía nada asegurado, pero tenía una visión. Me decía: “Juan, no va a ser fácil, pero tú puedes lograrlo”. No era solo un viaje. Era mi empresa, mi proyecto de vida, mi forma de servir.
Contaba la historia del empleado que renunciaba a todo para viajar por el mundo. Creé 5 perfiles en Facebook y contactaba a 500 personas al día. Redirigía a todos a mi Fan Page. En Instagram seguía viajeros, comentaba, daba likes. Llegué a tener más de 17 mil seguidores en 2 meses.
Mi blog nació con el artículo “Atrapado en una jaula llamada trabajo” y se hizo viral. Respondía miles de mensajes a diario. En la oficina, con una mano hacía reportes, con la otra hablaba con seguidores. Era agotador. Pero era feliz. Iba tras mi sueño.
El 20 de junio de 2016 fue mi último día como empleado. Vendí todo en Panamá y volví a Colombia. Me despedí de mi familia y preparé los últimos detalles. El 20 de julio, Día de la Independencia de Colombia, fue también el mío. Partí a Londres, primera parada de una vuelta al mundo que duraría 2 años y tocaría más de 40 países.
Escribí “De Gerente a Mochilero” y comencé a compartir mi historia. Fue la mayor apuesta de mi vida. El mayor miedo. Y también mi mayor libertad. Cambié la corbata por la mochila. Y nunca miré atrás.